Rocío Acuña Sará

Nacida en México hace 24 años.
Es estudiante de Ciencias Políticas en la UNAM.
Ha participado en diferentes talleres literarios y, actualmente forma parte de un café literario con otros escritores.

Ha publicado en las revistas electrónicas:
http://www.geocities.com/liminfinito
http://www.elcuento.com


Dedicatoria

Con manos casi temblorosas abrió el libro. La esperanza de un milagro se desvaneció. Intempestivamente un aluvión de recuerdos se plantó frente a ella, su garganta se llenó de lágrimas y en sus ojos se dibujó una ola de tristeza. Sin quererlo, dejó caer el libro en la mesa, de la misma manera que lo había hecho años atrás, sin embargo, en esta ocasión no había necesitado leer la dedicatoria. El recuerdo de aquella tarde, de esas tristes líneas con las que él le dedicó el libro eran suficientes. Ahora veía todo con la tranquilidad proporcionada por los años transcurridos, y era muy claro que ninguno de los dos debía culparse por aquellos días difíciles que desembocaron en el inevitable rompimiento. Sin embargo, esas palabras, escritas por un alma entristecida, dirigidas a otra alma entristecida, resonaban fuerte en su corazón cada vez que las recordaba.
Cuando percibió el aroma de la flor, se detuvo y se acercó a la maceta. De inmediato una gran alegría se apoderó de su corazón. Aquél rosal que durante meses pareció muerto ha retoñado. No puede dejar de pensar en todas las ocasiones que estuvo a punto de arrojarlo a la basura. Sólo la negligencia de todos ellos y las innumerables preocupaciones de las últimas semanas lo han salvado. El perfume estalla como una bofetada en su conciencia y despertando de un largo sueño, se sorprende al comprobar que han sido cientos de veces las que ha pasado junto a la repisa, sin darse cuenta del inesperado renacimiento. Decenas de hojitas han brotado del tallo y la pequeña flor, tímidamente ha abierto sus pétalos, insinuando sus colores, como para animar al otro botón, más grande, que temeroso duda unos centímetros arriba.
Dos lágrimas ruedan por sus mejillas, y ante el milagro no puede más que rendirse. Acerca su mano y se pincha con una espina. Detenidamente observa las gotas de sangre que escurren por su dedo. Ahora sonríe, y con ternura mira sus manos, acaricia su cara, su cabello, su cuerpo. Lentamente se aleja de la repisa, sin desviar la mirada del rosal, hasta que sus manos tocan la pared opuesta. Recorre las cortinas y abre de par en par la ventana. La hermosa luna baña la noche y un aire fresco la envuelve y le arranca un suspiro. Alza las manos y cierra los ojos. Quiere sentir, solamente quiere sentir.
Después de varios minutos se retira de la ventana. Una radiante tranquilidad se ha pintado en su rostro. Lo sabe bien, ahora puede volver, ya no tiene temor. Presiente que esos colores, esos aromas, van a su lado.
Una mano apretó su hombro. Un ligero estremecimiento recorrió su cuerpo, sólo por un instante. Dos miradas que se encuentran y sin palabras se lo dicen todo. Allí estaba él, como siempre que lo necesitaba, el hombre con quien compartía su vida y su felicidad. No podía dejar de sentirse afortunada con su destino, sin embargo siempre le había dado miedo preguntarle a esos ojos que le miraban con ternura, si esas frases terribles en el libro le seguían conmoviendo como el primer día, cuando las escribió.
CUENTO ENSAYO POESIA
Dedicatoria Indicios Vértigo de Invierno
El buen sendero
Indicios

La ficción es un característica humana. Ningún otro ser es capaz de mostrar este tipo de habilidad y a nosotros nos ha llevado al desarrollo de toda nuestra sociedad, nuestra tecnología, pero también al desastre y a la incomprensión. Cuando el hombre trasciende su innegable objetividad, y entra al campo de lo subjetivo, encuentra su verdadera humanidad, pero también se refleja en los pozos profundos del odio y del dolor. Condiciones que no podemos evitar, que no podemos echar a un lado como si no existieran. Es como quien camina por una vereda con precipicio hacia los lados, siempre habrá momentos en los cuales resbalará por uno de ellos. Es mentira toda doctrina que dice que debemos mantenernos por el sendero. Eso no es importante por que no existe, no es posible mantenerse. Tan gran hazaña sólo podría llevarla a cabo alguien que no es humano, y en tal caso no tendría valor su caminata. Nosotros debemos andar por el sendero con la meta fija de nuestras vidas, con sus altas y sus bajas, con su amor y desamor, con su alegría y su tristeza. Hasta en las caídas al precipicio, uno es capaz de entender, de aprender, de ser feliz. Incluso habrá personas que quieran permanecer en ese estado y en esa situación. El único requisito es conservar la visión de nuestro entorno, estar consciente de la situación real dentro de la misma subjetividad. Si reconocemos nuestra situación todo el tiempo, no es tan importante el lugar en el que estemos colocados, el momento que vivamos, si es bueno o es malo. El problema es cuando perdemos esa visión, y nuestra noción en las coordenadas de la vida, ya sea temporal o espacial, es diferente de la que nosotros creemos. La subjetividad se convierte entonces en divagación, en engaño, en desubicación y finalmente, puede llevar hasta la destrucción. Por eso cada quien debe reconocer sus alcances y sus limitaciones, sus gustos y sus disgustos, sus buenos y malos momentos. Sólo en esa medida podremos alcanzar nuestras metas: Ser feliz, significa reconocernos en nuestra alegría y nuestro sufrimiento, acercarnos hacia el azul-verde del cielo, del mar y de la tierra y alejarnos del encendido-oscuro del odio y el rencor. Somos seres subjetivos y como consecuencia irreductible, nuestra humanidad contradictoria nos enaltece, siempre y cuando la subjetividad se apoye mutuamente en el reconocimiento de los indicios totalmente objetivos que marcan el camino. Indicios del tiempo y de la naturaleza, indicios de la mente y del cuerpo, indicios del nacimiento y de la muerte, y finalmente, indicios del Otro.
Vértigo de invierno

Como he de mirarte ahora que no estás
ahora que tu paso apresurado se marcha sin voltear
cuando los caminos de tu vida se diluyen sin remedio
cuando se que mañana te veré otra vez
pero tu mirada ya jamás volverá

Tu mirada que buscando otros rumbos
se aleja de mis ojos se aleja de mi piel de todos nuestros sueños

S e  a l e j a ....

El silencio
oleaje de recuerdos sin piedad
calosfrío alta tensión agua salada
Pasado lento e implacable me llena de imágenes que no puedo borrar
porque tu piel aún hiere en mis sentidos
porque tu ausencia provoca un vértigo de invierno
y mis manos contritas se doblen en mi estómago desesperado.

Una sola imagen

Tu recuerdo:

débil frágil tus facciones se me olvidan
atrapada en la arena del tiempo
atajo con mis manos los vacíos de su hueco

La perpetua imagen:

Tus ojos claros me desnudan
hermosos ojos que amansaron mis reservas
el amor de tu cuerpo trascendido
tu bella mirada, para siempre

El buen sendero

Hoy en tu sereno rostro he visto la verdad
y tus pequeñas manos
mariposas elegantes del calor y la alegría
descansan al fin inmóviles en la tierra de su canto.

Miradas que envolvían nuestras vidas
de amor y de tristeza
tus miradas siempre comprensivas
de lágrimas y ternuras en cada momento necesario

Experiencia acumulada
inocente como un niño
un alma grande que jamás se marchará
de cada uno de los rasgos
de aquellos que en el mundo te recuerdan
en cada una de las lágrimas en tu ausencia derramada

Por el sendero del amanecer te has marchado
y por ese mismo cada día volverá:

Una ola llena de colores
llena de tu fuerza y de tu voz
Una ola que ha trazado en nuestras manos
la línea verdadera de la vida